Reflexiones sobre Gregorio Marañón y un hipotético nuevo Museo Nacional del Greco

La verdad es que las ocurrencias de Gregorio Marañón son cada vez menos acertadas. No es la primera vez que esta conocida personalidad tiene ideas sobre Toledo como poco bastante discutibles.

La publicación en la prensa local de una entrevista al Sr. Marañón en relación con su deseo de crear un Museo Nacional del Greco no me ha ayudado precisamente a cambiar de opinión al respecto, sino todo lo contrario.

Resulta ridículo de valorar el éxito de un museo exclusivamente por su número de visitantes, que tampoco es que sea pequeño en el caso del Museo del Greco, sin tener en cuenta otros elementos a considerar. De hecho, que lo diga un miembro del Patronato de la Real Fundación Toledo cuando el Museo Victorio Macho, del que dicha fundación es propietaria, es vecino inmediato del Museo del Greco y de la Sinagoga del Tránsito y mucho menos visitado que éstos, supone una considerable metedura de pata.

Hablar de desmantelar el actual Museo del Greco, tras tantos años cerrado y una costosa reforma, y crear un nuevo museo nacional que aglutine toda la obra del Greco existente en Toledo así como traer la del Prado me parece que no pasa de ser una fantasía irrealizable y sin mucho sentido. Ya lo he dicho en otras ocasiones y lo reitero ahora.

Situar como escenario de esa fantasía el Museo de Santa Cruz, tan necesitado como está de usar su cerrada ampliación de Santa Fe y su abandonado espacio de la antigua Biblioteca Pública, supone una aberración. Por una parte, los fondos de ese museo permanecen almacenados por falta de espacio expositivo; por otra, hace falta una reforma profunda de todo el complejo, lo que implica tiempo y dinero, mucho dinero; y, por último, sería un follón, porque dice D. Gregorio que el Santa Cruz podría mostrar sus colecciones y ser, a la vez, Museo Nacional del Greco. ¿Cómo es eso posible?. No es que no haya espacio, es que además resultaría muy confuso para el visitante.

La tontería de proponer, ahora, San Marcos como alternativa es otro sinsentido. No sólo es un espacio inadecuado para tal fin, sino que tiene un longevo problema de humedad, controlado pero dudo que totalmente resuelto, y carece de las instalaciones adecuadas. Por ejemplo: ¿dónde planea el Sr. Marañón instalar la parte administrativa del Museo?, ¿y las oficinas?, ¿y los demás servicios e instalaciones que necesita un museo nacional?. La única posibilidad sería desmantelar y trasladar el Archivo Histórico Municipal de Toledo, archivo que se trasladó hace no demasiados años a su actual emplazamiento, que fue construido expresamente para tal fin, y donde se encuentra en condiciones ideales.

Da la sensación, además, de que la idea del museo nacional no está muy trabajada ni pensada ni por el Sr. Marañón ni por su adalid García-Tizón. Tan pronto proponen trasladar las colecciones del Santa Cruz a otros puntos de Toledo como crear un “Museo del Romanticismo” en los actuales Museo Sefardí y del Greco, para pasar luego a proponer que, simplemente, se apelotone todo en Santa Cruz o, ahora, que se use San Marcos. Parece ser que, con tal de cumplir el sueño imposible que unir todos los Grecos en un único emplazamiento, todo lo demás carece de importancia.

No entro a valorar la incidencia económica negativa que la supresión del actual Museo del Greco tendría en la Judería. Es demasiado obvio, aunque Marañón parece creer que no habría descenso alguno en el turismo de la zona. Que le pregunte a los comerciantes de la zona, que seguramente no piensen lo mismo.

No me alargo más. No es necesario. Hablando con toledanos de todo tipo y condición, no he encontrado a ninguno que esté a favor de los planes de Marañón, quien suele opinar de Toledo desde la cómoda distancia de su cigarral, cuando no desde su residencia habitual fuera de Toledo. No dudo de su amor a Toledo, ni de su buena intención, ni de su capacidad intelectual, su elevado nivel cultural o sus méritos académicos y profesionales, pero sí de su sentido común y de su acierto en este tema.

En definitiva, creo que los toledanos de a pie y las instituciones públicas y privadas deberíamos centrar nuestros esfuerzos y nuestros limitados recursos en tareas más provechosas, como potenciar lo que ya tenemos, reabrir espacios cerrados (el Taller del Moro, el Museo de Arte Contemporáneo, el Salón Rico de los Trastámara, Santa Fe, etc), y convertir, de una vez por todas, al Museo de Santa Cruz en el gran museo que debe ser, renovando y utilizando la totalidad de sus espacios y mostrando en las mejores condiciones la mayor parte posible de su colección.

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  1. elmiradero ha publicado esto