Historia de los templos de España: los arzobispos toledanos (XLV)

D. Fernando II de Austria

Desde 1620 hasta 1641.

El Infante de España D. Fernando fue hijo de los reyes Felipe III y Margarita de Austria.

Nació el día 16 de marzo de 1609 e inmediatamente fue ofrecido por su augusta madre a la Virgen María.

Aún no había cumplido mas que diez años cuando el Pontífice Paulo V le nombró Cardenal de Santa María in Porticu, siendo uno de los pocos a quienes tan jóvenes se haya concedido esta digidad. Desde entonces se denominó “El Cardenal Infante”.

Poco después, el 5 de mayo de 1620, tomó posesión de la Silla Primada, para la cual había sido elegido por muerte del Cardenal Sandoval, pero para cuyo gobierno había nombrado al doctor Álvaro de Villegas.

En el mismo año celebró sínodo diocesano en Toledo.

Mandó que de las rentas que le pertenecían como Arzobispo toledano se diesen 300 escudos anuales a los Padres de la Congregación de Clérigos regulares de la Madre de Dios que servían a la Iglesia de Santa María in Porticu de Roa de que tenía el título cardenalicio.

Fue Legado apostólico del reino de Portugal.

Después de la muerte de su tía paterna Doña Isabel Clara Eugenia, su hermano Felipe IV le encomendó el gobierno de la Bélgica, a donde fue por Italia y Alemania, dejando por gobernador del Arzobispado, entre otros, al Presidente de Castilla D. Diego Castejón.

Estuvo con sus tropas en la batalla de Norlingen, en la que consiguió una victoria que celebraba la Catedral con procesión, Te-Deum y sermón, el día 6 de septiembre. Los soldados erigieron allí, para perpetua memoria, un monumento.

Fue muy bien recibido en Bélgica y ajustó paces con los belgas.

Para festejar su entrada en Gante se colocaron en la parte superior de una puerta de la ciudad, las armas de España en el centro, entre cuatro estatuas, dos de las cuales eran las del rey D. Felipe y las de nuestro Infante D. Fernando, y finalmente, sobre pedestalitos varios genios por tenantes de escudos, conteniendo estos últimos diversas inscripciones.

Mas abajo había otras dos leyendas que aludían a las dificultades del viaje. A éstas seguían algunas otras leyendas.

Entró después en la Picardía, expugnó algunas poblaciones famosas, y teniendo sitiada la ciudad de Arrás, le fatigaron tanto en el asedio los fríos de la noche, las incomodidades del día, los trabajos y privaciones a que no estaba acostumbrado, que contrajo una fiebre, y a consecuencia de ella murió dos meses después en Bruselas, a 26 de octubre, o según otros, en 9 de noviembre de 1641, a los 32 años de edad. Acerca de esto escribió unos versos Juan Vincart en el libro III “De Cultus Deiparae”.

Su cadáver fue depositado en la Iglesia de Santa Gudula de Bruselas, y de allí traído a España para darle sepultura en el Regio Panteón de San Lorenzo el Real del Escorial.

(Nota de la dirección [de Historia de los Templos de España]: creemos un deber de delicadeza manifestar aquí que todo el original de esta entrega, y demás sucesivas hasta el fin, no corresponde al ilustrado Sr. D. Manuel de Assas, digno autor de lo que va publicado de esta Historia de la Catedral.)

Juan Bautista Ursi, de la Compañía de Jesús, escribió para él un bello epitafio.

D. Gaspar II de Borja y Velasco

Desde el 3 de enero de 1643 hasta el 28 de diciembre de 1645.

Este prelado distinguido habría podido realizar con sus eminentes cualidades grandes mejoras en la diócesis, si la Providencia, en sus inescrutables designios, no le hubiese arrebatado a la estimación de su Iglesia, cuando apenas estaba instalado en ella. Tanto es así, como que habiendo sido proclamado Arzobispo de Toledo en 3 de enero de 1643, y no habiéndole sido dable tomar posesión hasta 20 de marzo de 1645, ya el 28 de diciembre de aquel mismo año, vino la muerte a cortar el hilo de sus días que empezaba a consagrar, con laudable celo pastoral, en bien de su rebaño.

Antes de ser nombrado Arzobispo de esta diócesis, había sido obispo de Milán, sujeto a la sazón, como todo el Milanesado, al dominio español, cargo espinosísimo por razón de las circunstancias, y que desempeñó, sin embargo, a entera satisfacción de la Santa Sede, del monarca español y de sus feligreses.

Como obispo de Milán mereció el capelo de “Cardenal protector de España”, título distinguidísimo en aquel tiempo, al cual dio nuestro prelado nuevo realce con los continuados actos de caridad hacia los pobres, en que invirtió sumas de consideración, mientras estuvo en Roma.

Si el capelo fue una prueba de la alta estimación que merecía este prelado en el orden jerárquico eclesiástico, el de Virrey de Nápoles que le confirió Felipe IV atestigua que no era menor el aprecio y confianza con que le miraba el monarca español, al conferirle un gobierno sumamente espinoso y grave, reservado por lo común a las altas capacidades políticas y administrativas. El Cardenal de Borja correspondió dignamente a las miras del gobierno español, cuyo dominio pareció sumamente suave a los napolitanos, ejercido bajo las formas paternales de nuestro prelado.

¡Lástima fue que persona de tan eminentes prendas, y en tantos y tan diferentes difíciles cargos probada, no tuviese apenas tiempo de sentarse en la silla metropolitana de Toledo!.

El cadáver de este Cardenal, está depositado en un modestísimo nicho gótico, sin estatua ni epitafio alguno, ni escudo de armas, ni cosa alguna que revele el personaje a que pertenece. Esta hornacina, situada a la entrada de la capilla de San Ildefonso, a mano derecha, estaba ya hecha, y se encontraba vacía; y el caritativo prelado la destinó para sí, a fin de no distraer en una obra de ostentación mundanal el producto de sus rentas que durante su vida consagró constantemente al alivio de los desvalidos. El Cabildo, condoliéndose de la humildad de este túmulo, a falta de estatuas y ostentosas inscripciones, hizo colocar en el fondo del nicho un retrato al óleo de este prelado con su marco dorado, obra de gran mérito artístico, que hoy tampoco existe allí, porque al principio de la Guerra de la Independencia fue guardado en la oficina de la obra y fábrica, a fin de librarlo de la rapacidad de las tropas y autoridades francesas.

Continuará

Fuente:

  • “Historia de los templos de España”, de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan de la Puerta Vizcaíno. 1857.

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  1. elmiradero ha publicado esto