Historia de los templos de España: los arzobispos toledanos (XLIV)

D. García I Loaysa y Girón

Desde 1598 hata 1599.

Nació en Talavera de la Reina, y fue hijo de los señores D. Pedro Girón, Consejero de Castilla, y Doña Mencía de Carvajal.

Estudió Filosofía y Teología en la Universidad literaria de Alcalá de Henares.

Obtuvo un canonicato en la Catedral Primada y el arcedianato de Guadalajara, por traslación que, con licencia del Papa, le hizo de estas prebendas su tío D. Juan López Carvajal, que a la sazón las poseía.

En 1584 fue nombrado Limosnero y Capellán mayor del Rey Felipe II, y poco después, maestro del Príncipe D. Felipe.

Gobernó la diócesis a nombre y por ausencia de D. Alberto de Austria.

En 1593 publicó en Madrid su obra titulada “Collectio Conciliorum Hispaniae, cum notis et emendationibus”, en la cual se encuentran, además de la colección de los concilios españoles, los tratados siguientes: “Ordo et Chronologia Gothorum Regum, et Suevorum”, “Chronologia Toletanorum Praesulum”, “Chronologia Conciliorum”, “De Primatu Ecclesiae Toletanae” y “De Dignitatibus et Officcis Regni et Domus Regiae Gothorum”.

Habiendo renunciado a la Silla Primada D. Alberto de Austria, el Rey Felipe II eligió para sucederle en el arzobispado a D. García Loaysa, y pidió al Papa Clemente VIII que aprobase su elección. Obtenido el asentimiento de Su Santidad, D. García tomó posesión de la Sede en 8 de agosto del año 1598.

Aún no había venido de Roma el palio cuando D. García, en Alcalá de Henares, enfermó tan gravemente que murió el día 22 de febrero de 1599 a la edad de 65 años.

Fue enterrado en la Iglesia Magistral y capilla de los Santos Justo y Pastor de aquella población.

D. Bernardo II de Rojas y Sandoval

Desde 1599 hasta 1618.

Nació en la villa de Aranda de Duero, en cuya parroquia de Santa María fue bautizado el día 20 de abril de 1546, siendo sus padres D. Hernando de Rojas y Sandoval y doña María Chacón.

Comenzó sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, en donde tuvo por maestro de primeras letras y retórica al célebre cronista Fray Ambrosio de Morales, y cursó después Artes y Teología, recibiendo la enseñanza de esta ciencia del doctor Valvas, catedrático de Prima, y del Padre Deza de la Compañía de Jesús.

Se retiró a Brihuega bajo la dirección del doctor D. Juan Alonso de Moscoso, que después fue Obispo de Málaga.

Se graduó como licenciado en Sagrada Teología en la Universidad de Salamanca.

Su tío, D. Cristóbal de Rojas, Arzobispo de Sevilla, le dio un canonicato en su iglesia metropolitana, en la cual D. Bernardo fue después Deán y obtuvo otras rentas con título de Gobernador de la diócesis.

Felipe III le presentó para Obispo de Ciudad Rodrigo, y en la dominica “Ego sum Pastor bonus” del año de 1585, le consagró en la Capilla de los Reyes de la catedral hispalense el Cardenal D. Rodrigo de Castro, arzobispo de aquella metrópoli.

Gobernó esta Iglesia durante tres años, y entre otras muchas cosas que arregló con política, y que no habían podido zanjar antes con energía sus predecesores, estuvo la de dar clausura a los conventos de religiosas que no la tenían.

Fue promovido a la Silla de Pamplona, de la cual, habiendo el Sumo Pontífice pasado la gracia en 10 de marzo de 1588, tomó posesión el día 27 de junio.

El lunes 10 de agosto entró en su nueva catedral acompañado de toda la clerecía y comunidades religiosas, después de haber hecho oración y prestado el juramento de costumbre junto al cementerio de la santa iglesia, en donde se había colocado una reliquia del Lignum Crucis, un reclinatorio y un misal.

Visitó todo el obispado (que contenía 1.500 pilas y era a la sazón país pobre y en su mayor parte tierra quebrada y montuosa) siendo el primero de quien se tiene noticia que hubiese practicado una visita completa.

Celebró un sínodo en aquella diócesis.

Hizo con su dulce persuasión que se aviniesen los bandos en que estaba dividido el convento de Santa Engracia de la capital de su obispado.

Asistió a las Cortes de Pamplona en que se halló Felipe II, y en que fue jurado el Príncipe que sucedió a este rey con el nombre de Felipe III. Estuvo también en las de Tudela y en otras de Pamplona.

Fue el primer obispo que proveyó las dignidades de la Santa Iglesia Pampilonense que estaban en pleito.

Siete años hacía que gobernaba aquella diócesis cuando fue promovido a la de Jaén, para donde marchó en 18 de noviembre de 1595, y de la cual tomó posesión en agosto de 1596.

Visitó este obispado remediando sus necesidades espirituales y temporales con limosnas y sanas exhortaciones.

Clemente VIII en la cuarta creación que hizo de cardenales el día 3 de marzo de 1598, le concedió esta dignidad, cuyo bonete y capelo le envió por medio del caballero español D. Jaime Palafox, Camarero Secreto del Santísimo.

Muerto D. García de Loaysa, el rey presentó a D. Bernardo para la Sede Primada. El Pontífice pasó la gracia en 18 de abril de 1599 y le envió el palio que recibió el Arzobispo en el convento de San Bernardo de Toledo, de mano del Obispo de Segovia, el día de San Jerónimo, 30 de septiembre.

En su nombre tomó posesión de la Silla D. Bernardo de Rojas, Deán de la Santa Iglesia de Jaén, en 23 de junio.

Entró el prelado en la catedral toledana el día de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre, y asistió a los divinos oficios, habiendo salido el Cabildo a recibirle al sitio llamado “Las llanillas”.

En la entrada que hizo Felipe III en Madrid, viniendo de celebrar sus bodas en Valencia con doña Margarita de Austria, iba el monarca a caballo y a su lado el cardenal arzobispo, a quien en cuanto llegaron a palacio dio el rey el título de Consejero de Estado.

Pasó de Madrid a Toledo, a donde pocos días después fueron los reyes a visitar la Santa Iglesia Primada y las curiosidades de la Ciudad Imperial. El prelado los obsequió con lucidos y costosos festejos.

Recibió el birrete cardenalicio en la Catedral, de mano del Cardenal D. Fernando Niño.

Fue Canciller Supremo de Castilla e Inquisidor General.

Celebró sínodo diocesano en 15 de junio de 16, sínodo que publicó.

Bautizó en noviembre del mismo año, en el convento de religiosos dominicos de San Pablo de Valladolid, a la Serenísima Infanta Doña Ana Mauricia, que fue Reina de Francia; en 28 de mayo de 1605, en el mismo convento, y en la pila en que fue bautizado Santo Domingo de Guzmán, al príncipe que en el trono tuvo el nombre de Felipe IV; y después, en la Real Capilla del palacio de Madrid, a los serenísimos infantes D. Carlos y Doña María, que llegó a ser Reina de Hungría y Emperatriz de Alemania.

Fue a Roma en donde era muy deseada su presencia. Allí el Pontífice le dio el título de Cardenal de Santa Anastasia, y por su propia mano le puso el capelo.

El 10 de junio de 1610, administró el bautismo en el convento de Santa Clara de la villa de Lerma a la Infanta Doña Margarita; en julio de 1611, en el monasterio de San Lorenzo el Real, del Escorial, al infante D. Fernando que fue Cardenal Arzobispo de Toledo, y murió gobernando nuestros Estados de Flandes.

En 1611 colocó la primera piedra en el Real Convento de Agustinas de la Encarnación de Madrid.

Administró el Sacramento de la Confirmación al Rey D. Felipe IV, en el convento de San Jerónimo de Madrid, el día en que fue jurado príncipe heredero; y en manos del Primado se hizo el juramento de costumbre.

Edificó en la santa iglesia toledana la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, que tuvo de coste 120.000 ducados, y la dotó de un capellán mayor y otros doce capellanes en que empleó 85.000 ducados. En la fiesta de la traslación de la imagen de la Virgen a la nueva capilla, a que asistió el rey Felipe III, gastó también una gran suma, e hizo acuñar una medalla que tenía en el anverso la cara de la Santísima Virgen maría con esta leyenda:

“PIETAS PRAESULIS; VIRGINI MATRI, TUTELAE VRBIS ET ORBIS A. D. MDCXVI.”

En el reverso la efigie del Cardenal con su nombre y títulos escritos del modo siguiente:

“BER. CARD. ARCHIEP. TOLET. HISP. PRIM. INQVIS. G.”

Fundó en Alcalá de Henares un convento para 24 religiosas Bernardas Recoletas, que habían de ser de la parentela suya o de los familiares de su casa, debiendo las admitidas en él serlo sin dote y sin que tuviesen que hacer ni el más mínimo gasto para su entrada; y le dotó con 3.500 ducados de renta y 250 fanegas de trigo. Puso la primera piedra de este edificio el arquitecto Juan Gomez de Mora, maestro mayor de las obras reales de los monarcas Felipe III y Felipe IV.

Erigió en Toledo el convento de Capuchinos; donó a este una “casa de recreación”, que llamaban “La Ribera” por estar a la orilla del Tajo; y labró la iglesia y un artificio de agua en que gastó 16.000 ducados.

Otros 14.000 empleó en adornar la capilla de la Descensión de Nuestra Señora en la Catedral Primada.

En el palacio de recreo de Ventosilla de Tajo fabricó la capilla y fundó una capellanía para que en los domingos y fiestas se dijese misa en ella, a fin de que pudiesen oírla las gentes del campo que hasta entonces habían carecido de tan importante beneficio. La capilla y capellanía tuvieron de coste 20.000 ducados.

El año de 1606 reedificó la Iglesia de Santa Anastasia de Roma, de quien tenía el título cardenalicio, según manifiesta una inscripción del mismo templo.

Siendo Inquisidor General aumentó los sueldos de los inquisidores.

Adornó el palacio arzobispal de Toledo, y rebajó la peña viva que estaba delante de su puerta principal, dejando así dispuesto el sitio para que por él pudiesen pasar las procesiones de Semana Santa.

En las casas arzobispales de Alcalá de Henares principió a construir una nueva fachada, e hizo otras obras interiores.

Visitó la mayor parte de la diócesis, enseñando la doctrina cristiana, confesando, predicando y distribuyendo limosnas.

Murió de una enfermedad aguda en Madrid, el día 7 de diciembre de 1618, a las 10 de la noche, y a los 72 años de edad.

En el año siguiente se trasladó a Toledo su cuerpo, acompañándole religiosos y clerecía. El Cabildo toledano salió a recibirle a la Puerta del Cambrón, y le dio sepultura en la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, que él había fundado.

Continuará

Fuente:

  • “Historia de los templos de España”, de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan de la Puerta Vizcaíno. 1857.