La prueba del tiempo
Paseando por la Avenida de Irlanda, no resistí la tentación de hacer con el móvil las dos fotos de esta entrada. Y lo hice preguntándome si los edificios toledanos que se construyen en la actualidad resistirán la prueba del tiempo y si ayudarán a definir la ciudad de algún modo.
No pude evitar responderme a mi mismo que no. El pragmatismo de la arquitectura actual y la vulgaridad de la mayoría de edificaciones no invitan al optimismo. Hay algunos edificios destacables, es cierto, o al menos bastante aparentes, pero dada su concepción y finalidad, dudo que sigan aquí dentro de un siglo o dos. Es más, dudo que tengan valor suficiente como para preocuparse por ello.
Resulta curioso y revelador que en las últimas decadas se hayan construido en Toledo más edificios que en ninguna otra década de la historia toledana y que, sin embargo, haya tan poco aprovechable.
Resulta también triste que los edificios construidos a menudo no aporten nada de carácter identitario y carezcan de la más mínima personalidad. Son toledanos por accidente, y si hubieran sido construidos en cualquier otro lugar, serían exactamente idénticos. Nada en ellos hay que permita afirmar que son toledanos, o que han heredado alguna influencia de los edificios precedentes. Nada hay en ellos que los haga especial.
Tal vez sería cuestión de hallar la manera de hacer edificios modernos y prácticos que, a la vez, sean arquitectónicamente valiosos, no en el sentido de caros, que no necesariamente tienen por qué serlo, sino en el sentido meramente artístico y que, de paso, reflejen de algún modo, que son edificios toledanos, no por la vía del pastiche, sino encontrando su propio camino, asimilando su herencia y alimentándose de ella para crear su propia expresión y su estética personal y característica.
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