Historia de los templos de España: los arzobispos toledanos (XLII)

D. Gaspar I de Quiroga

Desde 1579 hasta 1594.

Nació el martes 13 de enero de 1512 según unos (y el 12 de enero de 1504 según otros) en la villa de Madrigal y fueron sus padres D. Álvaro de Quiroga y Doña Elena Vela.

Habiendo hecho sus estudios de derecho en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid, recibió en aquella universidad los grados de licenciado y doctor, y fue en la misma “catedrático de vísperas” en la Facultad de Leyes.

El Cardenal Arzobispo de Toledo, D. Juan Tavera, le dio el título de Vicario General de Alcalá de Henares y la dignidad de Maestrescuela de la Iglesia Magistral de la misma villa.

En 12 de julio de 1545 tomó posesión de una canongía en la catedral de Toledo, de cuya diócesis fue después Vicario General.

Con motivo de cierta controversia que tuvo con la Iglesia de Alcalá tuvo que acudir a Roma a solicitar la ayuda del Papa Julio III.

Vuelto de Roma, residiendo en Toledo y sirviendo su canonicato, fue honrado con la confianza del Primado Cardenal Silíceo, hasta el punto de que este le comunicase el “Estatuto de Limpieza” que después introdujo en su Iglesia el citado Arzobispo.

En 1554 fue promovido a la dignidad de Auditor de la Rota Romana, a instancia de Felipe II. Marchando hacia la capital del orbe cristiano le prendieron los franceses en Orvieto, ciudad de italia, y con él detuvieron a sus criados y equipaje. Llegó por fin a Roma y habiendo permanecido allí mientras duraron las diferencias entre el Pontífice Paulo IV y Felipe II, aprovechó la coyuntura que su estancia cerca del Papa le ofrecía, para conseguir, como consiguió, que la Santa Sede aprobase el mencionado Estatuto de Limpieza.

Paulo IV le concedió el Deanato de la Santa Iglesia de León y otros muchos beneficios eclesiásticos.

Felipe II le encomendó la visita de los reinos de Nápoles y Sicilia, en la cual empleó cuatro años y un mes.

Volvió a España en compañía de los Archiduques Rodolfo y Ernesto, hijos del Emperador Maximiliano.

El Rey le nombró Consejero del Consejo Supremo de Castilla y luego del de la Inquisición.

Por aquel tiempo contrajo muy estrechas relaciones con San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús; trató y estimó mucho al padre Francisco Suárez, jesuita, quien le dedicó su obra de los “Comentarios sobre la tercera parte del Doctor Angélico Santo Tomás”.

Acompañó al Monarca cuando este fue a Andalucía con motivo de la célebre insurrección de los moriscos de Granada.

En 1571 le presentó S. M. para el obispado de Cuenca, del cual, con aprobación pontificia, dada en 17 de diciembre del mismo año, tomó posesión en 19 de enero de 1572.

Le consagró, en la iglesia de Santa María de Madrid, el Cardenal D. Diego de Espinosa, Obispo de Sigüenza, Presidente de Castilla e Inquisidor General, asistiendo a la ceremonia el Obispo de Segorbe, Don Francisco Soto Salazar, y el de Navarra en Sicilia, Don Juan Beltrán de Guevara.

El 16 de junio entró por primera vez en su Iglesia de Cuenca.

En 1573 fue presentado por Felipe II para Inquisidor General; en 20 de abril le expidió las bulas el Papa, y en el siguiente mayo tomó posesión de tan elevado cargo.

El Rey le dio además el título de Consejero de Estado y la Superintendencia de los negocios de Flandes, en la época más turbulenta de su dominación en aquel país.

En 1574 celebró un Sínodo en la Santa Iglesia de Cuenca.

Muerto el Arzobispo de Toledo, D. Bartolomé de Carranza y Miranda, presentó S. M. a D. Gaspar de Quiroga para ocupar la Silla Primada y Gregorio XIII aprobó la gracia en 6 de septiembre de 1577.

Recibió el palio en 20 de octubre.

En su nombre tomó posesión del arzobispado, el día 23 de octubre, D. Antonio Mauriño de Pazos, Obispo de Pati y electo de Ávila.

El 24 e marzo de 1578 hizo la entrada pública en la Santa Iglesia toledana, y el siguiente juró sus constituciones.

En Madrid, donde a la sazón se hallaba la corte, bautizó al Príncipe que después fue Felipe III.

No quiso aceptar la Presidencia de Castilla, vacante por muerte de D. Diego de Covarrubias, Obispo de Segovia.

El papa Gregorio XIII, en 15 de diciembre de 1578, le nombró Cardenal de Santa Balbina. Recibió el capelo cardenalicio en el Real Convento de las Descalzas de la Princesa, en Madrid, por medio de Felipe Sega, Nuncio de Su Santidad en España.

En 1580 se juró Príncipe de las Españas a Don Diego, recibiendo el juramento el Cardenal Arzobispo de Toledo.

El día 7 de octubre murió en Badajoz la Reina doña Ana, y trasladándose su cuerpo a San Lorenzo el Real, del Escorial, en donde yace, le acompañó D. Gaspar de Quiroga desde Talavera de la Reina y le dio sepultura en aquel renombrado monasterio.

En 1582 celebró en la ciudad cabeza de su diócesis un concilio provincial, a que asistieron los obispos y abades sujetos a la silla toledana. El Sumo Pontífice, no sólo aprobó este concilio, sino que dio gracias muy cumplidas al metropolitano por lo decretado en él, según lo manifiesta el Breve expedido al efecto en 5 de septiembre de 1584.

En 1582 dio 20.000 ducados a la Compañía de Jesús para que fundase y erigiese un colegio en Talavera de la Reina.

Acrecentó en su Catedral las capellanías de Santa Elena, y fundó otra en la iglesia de Salamanca.

Ayudó con copiosas donaciones a la fundación del Hospital General de Toledo.

Fundó en la Ciudad Imperial otro colegio de jesuitas con la advocación de San Eugenio.

El día 11 de noviembre de 1584, en el convento de San jerónimo de Madrid, celebró el oficio divino en el acto de ser jurado Príncipe de las Españas y del Nuevo Mundo al que después ocupó el Trono con el nombre de Felipe III. D. Gaspar de Quiroga confirmó entonces a D. Felipe; y, enseguida, prestaron en manos de este Prelado el juramento de fidelidad la Emperatriz Doña María, en calidad de Infanta de España, y Doña Isabel y Doña Catalina, igualmente Infantas, hermanas del Príncipe.

Hizo que se diesen a luz los “Oficios propios de los Santos de la Iglesia Toledana” aprobados por el Sumo Pontífice Gregorio XIII; y escribió acerca de esto a todo el clero de su diócesis ciertas cartas que se insertaron en el prefacio de las mismas preces, impresas en Madrid en 1584, y que comienzan de este modo: “Gaspar Quiroga, miseratione Divina S. R. E. Tituli S. Balbinae Praesbyter Cardinalis et Archiepiscopus Toletanus, Hispaniarum Primas, etc. Capítulo nostro et universo Clero dioecesis Toletanae”.

En 1585 fue testigo del testamento otorgado por la Serenísima Infanta Doña Margarita, antes de tomar el hábito de religiosa, y de la súplica erigida por tan excelsa y piadosa Señora a la Santidad de Gregorio XIII pidiendo licencia para hacer su profesión.

En 1586 le dio el Rey la presidencia de Italia, vacante por muerte del Cardenal Granvela.

Edificó en Toledo, junto a la iglesia de San Torcuato, unas casas, a que denominó “Nuestra Señora del Refugio” para que a ellas se retirasen doncellas y otras mujeres honradas. Gastó en construirlas 20.000 ducados, y dotó la fundación con 2.000 de renta.

En su patria, la villa de Madrigal, fundó una cátedra de Gramática para la enseñanza de la juventud; y erigió un suntuoso convento con la advocación de San Agustín, empleando en el edificio y en ornamentos 200.000 ducados.

Murió en Madrid a los 82 años, 9 meses y 7 días de edad, el 20 de octubre de 1594. Con arreglo a su disposición testamentaria, se trasladó el cadáver a su villa natal, con gran pompa y aparato, acompañándole sobre 1.500 personas, y se le enterró en un costoso sepulcro en el convento de religiosos agustinos que había edificado y dotado.

En su testamento dejó a la villa de Madrigal un pósito de 2.000 fanegas de trigo para que cada año se repartiesen en precio bajo a los pobres; en la Catedral de Salamanca dotadas dos misas de réquiem por descanso perpetuo de su alma; y a la fábrica de la Colegiata de Talavera 500 ducados de renta.

Sus testamentarios, que eran seis, y entre los cuales se contaba el Deán de Salamanca, D. Jerónimo de Chiriboga, adjudicaron al Refugio de Santa Isabel de Madrid dos cuentos de renta para el sustento de niñas desamparadas, con la carga de que todas las misas que en él se dijesen fueran por el alma del Cardenal; al colegio de Santa Cruz de Valladolid, 6.000 ducados para su reparación; al colegio inglés de la misma ciudad 1.000 ducados de renta. Distribuyeron el resto de la hacienda por terceras partes entre el Papa Clemente VIII, el Rey Felipe II y diversas obras pías. El Pontífice aplicó su parte a la guerra que sostenía sobre el Ducado de Ferrara que había recaído en la Cámara Apostólica como señora de aquel dominio directo: nuestro monarca empleó la suya en guerras contra los infieles.

Continuará

Fuente:

  • “Historia de los templos de España”, de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan de la Puerta Vizcaíno. 1857.

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