Los otros reyes arrianos

Teudiselo, Teudigiselo, Theudisclo o Teudisclo

En 548 llegó Teudiselo al poder, conservándolo sólo hasta diciembre del año siguiente.

Ostrogodo y antiguo dux, había servido como general de Teudis en la guerra contra los francos, en 541. Tras derrotarlos en combate, y no sabiendo muy bien qué hacer con los prisioneros, les exigió rescate a cambio de sus vidas. Aquél que pudiera pagar lo suficiente podría volver sano y salvo a su tierra; y el que no, perecería allí mismo. Muchos no consiguieron pagar el alto precio exigido, pero sí los suficientes como para que el negocio le saliera muy rentable al general.

Tan tirano como su predecesor, tenía fama de mujeriego, manteniendo relaciones con cuantas mujeres quería, no importándole que estuvieran casadas incluso con sus colaboradores más cercanos, lo que le granjeó el odio de numerosos maridos ultrajados que juraron venganza.

También querían acabar con el rey los partidarios de Agila, visigodos nacionalistas que estaban hartos del dominio ostrogodo y que querían que el pueblo visigodo fuera se gobernara por sí mismo.

Un buen día, en un banquete con hispanorromanos celebrado en Sevilla, y estando completamente borracho el rey, varios nobles dirigidos por Agila, a la señal de uno de ellos, cerraron las puertas del salón donde cenaban, apagaron las velas, sujetaron al rey en su asiento y, uno por uno, fueron pasando y clavando su puñal en el pecho del rey. Después encendieron de nuevo los candelabros y simularon sorpresa al ver al rey apuñalado en el trono.

Agila I

De sangre visigoda y no ostrogoda, accedió al trono a finales del 549.

Al año siguiente profanó la tumba cordobesa del mártir Acisclo, lo que provocó la rebelión de la provincia.

Su primer enfrentamiento bélico resultó un absoluto fracaso: no sólo perdió la batalla, sino un hijo, buena parte del ejército y el tesoro real, huyendo a Mérida, capital de Lusitania.

Este momento de debilidad fue aprovechado por Atanagildo, un noble que fijó su residencia en Sevilla, capital de la Bética. Sin embargo, Atanagildo, pese a que probablemente estaba apoyado por los rebeldes cordobeses, fracasó en sus intentos por hacerse con el poder.

Es posible que los partidarios de Atanagildo fueran miembros de la facción que apoyó en su día a Teudiselo y que Agila fuera la cabeza de la facción rival. Posiblemente Agila no contara con el apoyo total de la nobleza que, antes, había apoyado a Teudis y a Teudiselo, por lo que Atanagildo sería el situado al frente de la facción disconforme de la nobleza.

Agila fue derrotado en Córdoba en 550, lo que alentó otras rebeliones, como la invasión vascona del valle del Ebro, la extensión de los cántabros hacia La Rioja o la independencia de Astúrica. Agila estaba en una posición débil, pues, al encabezar sólo a parte de la nobleza, contaba con numerosos enemigos.

Básicamente, Agila representaba a los nacionalistas visigodos, que no querían influencias externas, mientras que el bando contrario estaba más abierto a la integración con otros pueblos godos, como los ostrogodos. Éste último sería, como se ha dicho, el bando a cuyo frente había sido puesto Atanagildo.

Los bizantinos intervinieron para, según San Isidoro, apoyar a Atanagildo; y, según Jordanes, a Agila, lo cual parece más probable. En verano de 552 los bizantinos desembarcaron en el sureste peninsular con un pequeño contingente, avanzando hacia Sevilla desde allí, situación aprovechada por Agila para atacar dicha ciudad. El enfrentamiento terminó con la retirada de Agila hacia agosto o septiembre.

Al llegar los bizantinos, Atanagildo dominaba al menos dos provincias y Agila estaba debilitado y a la defensiva, por lo que aprovechó el refuerzo bizantino para atacar a su enemigo. No obstante, los bizantinos aportaron fuerzas escasas, de ahí que Agila terminara derrotado.

Las luchas entre ambos bandos prosiguieron durante 553 y 554 hasta que, finalmente, Agila fue asesinado en Mérida en marzo de 555, siendo reconocido Atanagildo por la nobleza visigoda. 

Atanagildo

Justiniano, que ambicionaba recomponer el antiguo Imperio Romano, lo cual incluía la Península Ibérica, aprovechó las disputas entre los bandos de Agila y Atanagildo como excusa perfecta para enviar a sus tropas, si bien en un primer momento en escaso número, al tener al grueso de su ejército aún ocupado en Italia.

Aún así, el ejército bizantino de Justiniano fue capaz de tomar Cartago Nova y, después, desembarcar en Málaga, posicionarse cerca de Baza y aliarse con Córdoba. Atanagildo, a su pesar, se vio obligado a firmar un tratado de paz con Justiniano, reconociéndole a Bizancio una franja de terreno entre el Guadalete y Denia, excluyendo Sevilla y sus alrededores. Quedaba así creada la provincia bizantina de “Spaniae”, con capital en Cartago Spartaria (Cartagena).

La aventura de Justiniano en España sufrió un importante revés el día en que Atanagildo, una vez consolidado ya como indiscutido rey de los visigodos, expulsó a los bizantinos.

Atanagildo había comenzado su reinado sin que Agila I hubiera aún dejado el trono. Fue una época con dos reyes simultáneos: Atanagildo, el “rey rebelde”, y Agila I, el “rey oficial”. Esta etapa del reinado de Atanagildo tuvo lugar entre 551 y 554.

Entre 555 y 567, acabada la guerra y ya en solitario, intentó recuperar el esplendor perdido y normalizar la situación del reino. Por ello, siendo precaria la situación económica y financiera, buscó mantener la paz, pactando una alianza con la vencida facción de Agila.

A diferencia de lo que era habitual en la aristocracia arriana visigoda, fue muy tolerante con los católicos, hasta el punto de poder sospecharse una conversión secreta al catolicismo al final de su vida.

Durante su reinado hubo tensiones con los suevos, quienes finalmente se convirtieron de forma mayoritaria al catolicismo gracias a San Martín de Tours, siendo Teodomiro su primer rey católico.

Atanagildo mantuvo buenas relaciones con los francos para garantizar una vía libre de comercio. A dos reyes francos, Chilperico I de Neustria y Sigeberto I de Austrasia les dio en matrimonio a sus dos hijas, Gailswintha y Brunekkilda. La primera fue estrangulada en su cama por Fredegunda, la amante de su marido, Chilperico I. Por ello, Brunekkilda obligó a su marido Sigeberto I, a declarar la guerra a Chilperico I, enfrentamiento que continuó hasta la muerte de Brunekkilda, ya octogenaria.

Ambas hermanas eran hijas del matrimonio de Atanagildo con Gosvinta, quien, tras enviudar, se casaría después con el futuro rey Leovigildo.

En el 567 se traslada nuevamente la corte de Barcelona a Toledo, esta vez de forma definitiva. Las causas fueron dos: lo estratégico del emplazamiento de Toledo (especialmente ante un posible ataque bizantino) y su creciente importancia.

Falleció en Toledo de muerte natural.

Liuva I

Vacante el trono, durante cinco meses se postularon diversos candidatos, siendo desestimados por la asamblea de nobles. Parecía que al final sería una guerra civil la que terminaría imponiendo un candidato cuando apareció en Septimania un noble llamado Liuva, de tono conciliador y que fue aceptado como mal menor.

Liuva I, hijo de Liuverico, fue rey de los visigodos entre 568 y 572.

La debilidad del reino visigodo tras tantos años de enfrentamientos fue aprovechada por los francos, que presionaban desde el norte. Liuva reaccionó de forma sorprendente: optó por compartir la corona con su hermano Leovigildo. De este modo, Liuva pudo acudir a controlar la frontera de Septimania, reservándose para sí dicho territorio y, posiblemente, la Tarraconense visigoda. El resto de provincias quedaron bajo gobierno de Leovigildo.

Gracias a este sistema de gobierno dual y al buen entendimiento entre los dos hermanos, se produjo la definitiva recuperación económica del reino visigodo. En lo militar, Liuva se encargaba en el norte de detener las incursiones francas, mientras que Leovigildo se ocupaba de los bizantinos, que aún continuaban con posesiones en el sur y en levante y amenazaban con conquistar nuevos territorios.

Liuva murió probablemente en 572 y su hermano Leovigildo quedó como único rey.

Leovigildo

Toledano de nacimiento, fue rey desde el año 572 hasta su fallecimiento en la primavera de 586.

Hijo de Liuverico y hermano de Liuva I, se casó dos veces: la primera con Teodosia, de quien tuvo dos hijos: Hermenegildo y Recaredo I; la segunda con Gosvinta, viuda de Atanagildo y madre de Gailswintha y Brunekkilda.

Para afianzar el reino de Toledo llevó a cabo diversas campañas militares, destacando la dirigida contra los vascones, que acostumbraban a saquear la zona situada entre el Ebro y los Prineos.

Para afrontar con éxito la empresa, los visigodos fundaron Victoriacum, una fortaleza situada en los llanos de Álava que permitía controlar las montañas del Oeste de Navarra y la zona de la depresión vasca.

Al mismo tiempo, Hermenegildo se rebeló. Sin embargo, el rey continuó dando prioridad a la campaña vascona, que consideraba de mayor gravedad y que terminó con victoria visigoda cerca de Victoriacum.

Tanto Victoriacum como Oligitum, la actual Olite, habían sido fundadas como bastión defensivo y ofensivo frente a los vascones, quienes consiguieron perdurar al margen del control visigodo en la zona montañosa situada al norte de la divisoria de aguas.

Leovigildo debió afrontar también otras campañas. Algunas con escaso resultado, como las desarrolladas contra los bizantinos, y otras exitosas, como las llevadas a cabo contra las sublevaciones del sur y del norte, conquistando Amaya, donde se habían refugiado los nobles cántabros.

También luchó contra los francos.

En 576 combatió a los suevos de Galicia, firmándose posteriormente la paz con el rey Miro, paz que no duró, pues hubo enfrentamientos posteriores que culminaron con la victoria definitiva de los visigodos en la batalla de Braga, en 585, siendo Andeca (o Audeca o Odiacca) el rey suevo.

Durante el reinado de Leovigildo, sólo hubo un año de paz, el 578, durante el cual se construyó la ciudad de Recópolis.

Recaredo I

Entre 586 y 601.

Durante los primeros años de su reinado, el Arrianismo sigue siendo la religión oficial, pero muy pronto tuvo lugar el Tercer Concilio de Toledo (año 589), que supuso la conversión al Catolicismo del reino visigodo. Por ello, y dado que esta entrada se refiere a la etapa arriana, hablaremos de este importante rey no ahora sino llegado el momento oportuno. 

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