Theudis, el tirano

En el III Concilio de Toledo, los visigodos renegaron del Arrianismo y el reino se hizo Católico. Acababa con ello una etapa del “Reino Visigodo de Toledo”, etapa oscura y poco conocida de nuestra Historia cuyo primer rey fue Theudis. No el primero de los visigodos, pero sí el primero de los que tuvieron en Toledo su capital.

Teudis o Theudis

Año 548. La nobleza visigoda está dividida: mientras una parte apoya al rey Teudis, otra conspira decididamente contra él y, tras 17 años de tiránico dominio, considera llegado el momento de eliminarlo como sea.

El plan está ya en marcha y, Dios mediante, tendrá éxito. La suerte del tirano está echada y, sin embargo, en el palacio real muy pocos lo saben. Mejor así. 

El rey ha llegado. Ya está aquí. Sus soldados ocupan sus puestos cuando, de repente, uno de ellos abandona la formación y comienza a actuar de una forma extraña. La atención de todos se vuelve hacia él. También la del rey, que se pregunta qué le pasa a ese hombre. Parece un loco –piensan muchos. El soldado, centro de todas las miradas y actuando cada vez más extrañamente, abandona su puesto y se aproxima al rey, mientras éste, intrigado, avanza hacia el soldado decidido a averiguar qué está pasando. Nadie parece reaccionar y todos están sorprendidos y los que no lo están, lo simulan.

El soldado, ya junto al rey, de repente cesa en su extraño comportamiento, mira fijamente a los ojos del monarca y esboza una sonrisa de satisfacción. Al fin, el rey entiende lo que sucede. Se dispone a pedir ayuda, pero ya es demasiado tarde. Antes de poder articular palabra alguna, el soldado hunde en su cuerpo con saña un afilado cuchillo que retuerce en sus entrañas para asegurar el resultado de su sangrienta misión.

El rey cae lentamente al suelo, con la mirada fija en su ejecutor quien, desde lo alto, disfruta del momento, sonriente, contemplando la caída del tirano. Nadie reacciona. Teudis se desploma finalmente, ya muerto, sobre el suelo cuando, ya tarde, nobles y soldados se abalanzan contra el falso loco, atravesándolo con sus espadas desde todas direcciones. Tras exhalar un inhumano grito de dolor, el acribillado asesino cae, lleno de sangre, sobre el cadáver de su rey.

Así acabaron diecisiete años de reinado y más aún desde que aquel antiguo general ostrogodo comenzara a ambicionar el poder.

Todos conocían su historia: cómo maquinó para que Teodorico el Grande, su señor, le enviara a la corte de su nieto, el débil Amalarico, y cómo, una vez conseguido, se sirvió de su privilegiada situación para satisfacer su ambición desmedida. 

En su camino por alcanzar el trono todo estaba calculado. Necesitaba el apoyo de los hispanorromanos y dinero para comprar voluntades. Así pues, se casó con una rica hispanorromana. Y, una vez alcanzado este primer objetivo, aprovechó sus nuevos recursos para realizar diversas alianzas y crear una red de estómagos agradecidos. 

Una vez dispuesto todo para el gran asalto al poder llegó la muy conveniente muerte de Amalarico. Era la hora de reclamar el trono. Ahora nada le impedía lograr su tan ansiada corona. Finalmente consiguió su objetivo. Era el año 531.

Así comenzó el reinado del tirano. Diecisiete años de gobierno en los que hubo tiempo para trasladar la capital de Barcelona a Toledo, dictar una ley sobre costas procesales o combatir con éxito contra los francos de Clotario y Childeberto, quienes habían sitiado Zaragoza y a los que venció en 541. Pero también conoció la derrota, al fracasar en la defensa de Ceuta frente al acoso bizantino.

Poco importaba todo eso ya. Teudis yacía muerto sobre el suelo de su palacio. Ya era historia. Otro ocuparía su lugar.

Fuentes:

  • Corazones.org
  • Wikipedia
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