Historia de los templos de España: los arzobispos toledanos (XXX)

D. Pedro IV Tenorio

Desde 1375 hasta 1399

A la hora de elegir sucesor de D. Gómez, se dividieron los votos entre D. Pedro Fernández Cabeza de Vaca y D. Juan Manrique, prebendado de la Santa Iglesia Toledana, sobrino del recién difunto Arzobispo, favorecido por el Rey, y que después fue prelado de Orense, de Sigüenza y de Santiago de Compostela. No llegando a un acuerdo, se elevó el asunto a la decisión del Papa Gregorio XI, el cual, no inclinándose por ninguno de los dos partidos, dio el arzobispado a D. Pedro Tenorio, gran letrado, uno de los más señalados discípulos del gran jurista italiano Baldo, y a la sazón Obispo de Coimbra.

Trajo Tenorio la bula de su nombramiento, y el Rey y el Cabildo acataron la voluntad del Sumo Pontífice.

Coronó a D. Juan I el día de Santiago de 1579.

En el año siguiente otorgó el Arzobispo un documento en latín, que encontramos traducido al castellano y que transcribimos a continuación por las interesantes noticias que contiene. Es como sigue:

En el nombre de Dios, amen. Sepan todos los que vieren la orden de la presente escritura, que el año de la Natividad del Señor de 1380, indic. VI, a 15 días del mes de octubre, año 5º del pontificado de N. S. el Señor Clemente Papa VI, en presencia de mí, el Notario abajo firmante y de los testigos para esto llamados y rogados en la Iglesia Catedral de Toledo, en el Cabildo de dicha Iglesia donde se suelen reunir las dignidades y canónigos capitularmente, que allí se hallan personalmente, adonde el Reverendo Padre en Cristo, y Señor D. Pedro Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas y mayor Canciller del reino de Castilla; y D. Juan Martínez, Abad de Santa Leocadia, que tiene las veces de Deán; y Alfonso Fernández, Arcediano de Talavera; Gonzalo González, Tesorero; Gómez Fernández, Maestre-escuela; Alvar López, Capellán Mayor; el Señor Arzobispo propuso y dijo que el primer beneficio que tuvo en su vida fue el Arcedianato de Toro, en la Iglesia de Zamora, y no otro, y éste en el tiempo del rey D. Pedro, y que, habiéndole poseído por 5 meses, fue echado y desterrado del reino de Castilla, y que salió huyendo de él por miedo del Rey D. Pedro, y que un tal Mateo Servando, por mandato del Rey, le despojó de él y se lo dio a un hijo suyo, y que fueron desterrados con él sus dos hermanos, Juan Tenorio y Melén Rodríguez, y que trajeron consigo muchos tesoros, los cuales le entregaron a él, en hecho de verdad, estando en Tolosa, para que se sustentase honradamente y comprase libros y aprendiese el Derecho Canónico y Civil, u otras ciencias que él tuviese por bien, y para que lo demás lo guardase para cuando tuviese de ello necesidad. Dijo más: que por mandato del Rey Don Pedro volvió a Castilla el dicho Melén Rodríguez, y le mandó matar, y que su otro hermano, Juan Tenorio, murió en Aviñon. Y que, estando el dicho Arzobispo fuera del Reino, envió a Castilla a los testamentarios con muchos dineros, y que se quedó con algunos con los que compró muchos y muy buenos libros tanto en Tolosa como en Aviñon, Perusa y Roma, de manera que en aquellas partes no se hallaba persona que, según su estado, tuviese mejores ni mas hermosos libros que él. Dijo más, que él leía (explicaba) de ordinario en Roma y que le daban por su cátedra 200 ducados cada año. Y así dijo, que ni antes del destierro, ni en él, ni después, tuvo otras rentas eclesiásticas o beneficios, y que no tuvo con qué sustentar su estado sino con los dineros que le dejaron sus hermanos y de su lectura (explicación) y otras diligencias suyas. Y así dijo que todos los libros que tenía los había obtenido por la forma dicha, excepto cuando, siendo Arzobispo, había comprado un Decreto y un Especulador añadido, y un Conciliador sobre el Sexto, que había sido de Don Gil de Albornoz, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma. Y así dijo el dicho Señor Arzobispo que él hacía simple y pura “donación entre vivos”, libre y de su propia y libre voluntad, a la Santa Iglesia de Toledo, de todos sus libros que tenía al presente, así Derechos como Teólogos, como de Filosofía y de diferentes oficios. También dijo el Señor Arzobispo que le faltaban algunos libros como Nicolao de Lira sobre la Biblia, y Nicolao Bort sobre las Decretales, y el Diccionario; y que, para comprar estos libros, dio en efecto y hecho de verdad al dicho Capítulo 1.000 florines, y que los dichos Señores del Capítulo luego recibieron los 1.000 florines por mano del Señor Arzobispo y se los entregaron realmente y con efecto al venerable y discreto varón D. Pedro López, Doctor en Derechos, Canónigo de Ávila y Racionero de la Santa Iglesia de Toledo que estaba presente, rogándole que fuese a París a comprar estos libros. Y porque el Señor Arzobispo había comenzado a edificar dentro de la iglesia de Toledo una solemne sala para poner y conservar en ella los dichos libros, ordenaron, el Señor Arzobispo, Deán y Cabildo, que, así los libros que el Señor Arzobispo daba de presente como los que había de comprar el dicho Doctor D. Pedro López de los 1.000 florines sobredichos, se pusiesen, “ad perpetuam rei memoriam” en dicha librería, así para que se conservasen, como para que, si los Beneficiados los quisiesen aprovechar, lo hiciesen, y otros tuviesen en qué leer y estudiar. Y les pidió el dicho Señor Arzobispo que tuviesen cuidado de encomendar a Dios las almas de sus hermanos, antes citados,con cuyo dinero se habían comprado aquellos libros. Hecha esta donación, la tuvo el dicho Señor Arzobispo por grata; y luego hizo traer al Capítulo los dichos libros en gran número y en señal de la dicha donación, y que se ponía por obra, y los entregó al dicho Capítulo, el cual los mandó depositar en el Sagrario hasta que estuviese de todo punto acabada la sala que había de ser librería, adonde después se pusiesen. Pasaron estas cosas, en el día, mes y pontificado arriba dichos, en presencia de los venerables varones discretos D. Juan Martínez, Abad de Santa Leocadia; y Alonso Fernández de Mena y Fernando Yáñez, Canónigos de la Santa Iglesia de Toledo, testigos llamados y, especialmente para esto, rogados”. Estos libros se colocaron después en la sala del claustro construida para biblioteca.

Asistió a las Cortes de 1383. En ellas se dejaron de contar los años por la Era del César y se adoptó la del Nacimiento de Jesucristo en los asuntos civiles, según se venía practicando en los eclesiásticos.

Estuvo presente en la tristemente desgraciada batalla de Aljaba en las que las armas portuguesas quedaron victoriosas sobre las castellanas.

Muerto en 1390 D. Juan I por una caída a caballo en Alcalá de Henares, marchó inmediatamente desde allí a Madrid el Arzobispo D. Pedro Tenorio, y en cuanto llegó hizo que se juntasen los Grandes y jurasen por Rey de Castilla y de León al Príncipe D. Enrique.

El Primado de las Españas y Canciller mayor del Rey de Castilla hizo juntar Cortes en la villa de Madrid, en donde además de él se hallaron D. Juan Manrique, Arzobispo de Santiago; los Maestres de las Órdenes Militares; y otros muchos Prelados y Grandes. Manifestó en ellas D. Pedro Tenorio haberlas convocado con objeto de tratar acerca de la manera que se debía de observar en la gobernación del Reino durante la minoría del nuevo monarca. Se abrió allí el testamento hecho por D. Juan I en el Real de Celerico a 21 de Junio de 1385, y se vio que en él nombraba por gobernadores de la Monarquía y tutores de su hijo a D. Alfonso Manrique de Villena, Condestable; a D. Pedro, Arzobispo de Toledo; a D. Juan, Arzobispo de Compostela; al Maestre de Santiago; a D. Juan Alfonso, Conde de Niebla; a D. Pedro González de Mendoza, su Mayordomo Mayor; y a un hombre bueno de cada una de las 6 ciudades de Burgos, Toledo, Leon, Sevilla, Córdoba y Murcia. No agradó esta disposición a muchos Grandes del Reino por no haber sido ellos escogidos para la gobernación y tutoría, y trataron de poner obstáculos a su cumplimiento.

D. Pedro Tenorio, como buen letrado, reconoció la validez y fuerza del testamento, pero considerando que algunos no atenderían a razones sino a sus propias ambiciones, pidió el testamento so pretexto de que “él le quería guardar para que al menos se cumpliesen las obras pías que dejaba el Rey, y cobrase las mandas hechas a favor de su Iglesia”, y alegó sobre el particular una ley de Las Siete Partidas. Prevaleció, sin embargo, la opinión de la mayoría, viéndose obligado el Arzobispo a acceder a que el gobierno se desempeñara por un Consejo compuesto por el Duque de Benavente, el Marqués de Villena, el conde D. Pedro, los Arzobispos de Toledo y Compostela, los Maestres de Santiago y Calatrava y otros caballeros.

Cierto día, estando el Rey Enrique con sus consejeros en una iglesia de Madrid en donde acostumbraban a reunirse, entraron algunos criados del Duque de Benavente armados con corazas. Con ello se acabó el Consejo y los consejeros se vieron obligados a dispersarse.

El Primado, que nunca había sido afecto a aquella manera de gobernar, partió al día siguiente a la villa de Alcalá de Henares y desde allí escribió a las ciudades de la Monarquía, al Papa, a los Reyes de Francia y de Aragón, y a todos aquellos a quienes D. Juan había nombrado gobernadores en su última voluntad, animándoles a sostener y apoyar el testamento del monarca difunto. Armó gente, se ganó para su bando al Duque de Benavente, al Marqués de Villena, y al Maestre de Alcántara. Como consecuencia, el reino se puso en armas y se dividió en bandos. Finalmente, en el año de 1392, consiguió el Arzobispo que prevaleciese su manera de pensar y que por consiguiente se llevase a efecto lo dispuesto por el Rey D. Juan.

La actitud de Tenorio le granjeó enemistades importantes. No es de extrañar que surgieran interesadas murmuraciones en la Corte acusando, justificadamente o no, al Primado, como portugués, de favorecer al Rey de Portugal en las contiendas que tenía este príncipe con el reino de Castilla. Al saberlo el Prelado se disgustó profundamente y pidió licencia para marcharse a su país, y vivamente indignado contra los Gobernadores, les dirigió algunas serias amenazas. Éstos, al conocerlas, se las dieron a conocer al Rey y resolvieron en el Consejo prender al Arzobispo, quien, no amedrentado, se quejó de su prisión al Sumo Pontífice, quien puso entredicho en todo el reino hasta que se liberara a su prelado. Obedeció, por fin, Enrique III a la Santa Sede romana, sacó de la prisión a D. Pedro Tenorio, y el legado del Papa D. Domingo, Obispo de Albi, le absolvió y alzó el entredicho del reino, en julio de 1393.

Una vez regresado Tenorio a Toledo, hizo construir un puente sobre el Tajo, en Villafranca, con objeto de evitar las muertes de personas y ganados que, con frecuencia, ocurrían al cruzar aquel caudaloso rio. Edificó también la iglesia del mismo lugar y el hospital de Santa Catalina, y pobló la aldea llamada Carrascal. Reedificó el puente de San Martín, en la ciudad de Toledo, e hizo otras importantes construcciones.

Murió en Toledo el día 28 de mayo de 1399 y fue sepultado en la capilla de San Blas, en la Santa Iglesia Primada.

Continuará

Fuente:

  • “Historia de los templos de España”, de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan de la Puerta Vizcaíno. 1857.

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  1. elmiradero ha publicado esto