Historia de los templos de España: los arzobispos toledanos (XX)

Don Juan II

Desde 1151 o 1152, hasta 1166.

Fue trasladado a Toledo desde Osma, donde había sido obispo durante 10 años.

Ofició en la boda de Alfonso ,VII con doña Rica hija de Boleslao, Duque de Polonia.

Muerto D. Juan, Arzobispo de Braga, y Legado del Papa, pidió el Rey a S. S. en 1152, que diese la Legacía al Primado de las Españas; pero el Santo Padre en vista de las revueltas de nuestro país, envió con este cargo al Cardenal D. Jacinto el año de 1153. El nuevo Legado juntó en Segovia un concilio al que acudieron los Arzobispos D. Juan de Santiago y D. Juan de Braga; y los obispos D. Victor de Burgos, D. Juan de León, don Martín de Oviedo, D. Rodrigo de Nájera, D. Mendo de Lamego, D. Juan de Osma, D. Presto de Sigüenza, don Raimundo de Palencia, D. Iñigo de Avila, D. Berenguer de Salamanca, D. Juan de Lugo, D. Pelayo de Tuy, don Martín de Orense y D. Pelayo de Mondoñedo. En él se trató de arreglar ciertas cuestiones pendientes, relativas a las diócesis; y como la de Santiago había sucedido a la de Mérida, se trasladaron de la metropolitana de Toledo a la Compostelana las sufragáneas de Coria, Salamanca, Zamora y Ávila.

Habiendo vuelto el nuevo Arzobispo de Braga a suscitar las cuestiones que su antecesor había tenido con don Raimundo, el Primado D. Juan le mandó venir a prestarle la debida obediencia; y, no queriendo someterse el bracarense, acudió el toledano al legado D. Jacinto, quien conminó al de Braga a que obedeciera, pues, en caso contrario, dejaría de ser obispo.

El prelado de Toledo pidió al Papa que le concediese el palio, y mandase al Arzobispo de Compostela estar sujeto a él como a su Primado, lo cual le concedió el Sumo Pontífice en bula expedida el día 14 de las calendas de marzo, Indición 4ª del año de 1156, y que, traducida, dice así:

Adriano Obispo, siervo de los siervos de Dios, al venerable hermano Juan, Arzobispo de Toledo, salud y apostólica bendición. Tú, hermano, viniste por negocios urgentes de la Iglesia que tienes a tu cargo, y te presentaste ante nuestro acatamiento y pediste humildemente a la Silla Apostólica (que siempre acostumbró admitir los deseos de los que piden cosas justas), que renovásemos el privilegio y letra de los Pontífices de feliz recordación Pascual, Calixto, Honorio y Eugenio; en las cuales se vé que ha sido dado el Primado de las Españas a la Iglesia de Toledo. Nos, empero (porque te amamos con puro amor en el Señor y hemos determinado, por las maneras que pudiéremos, honrar tu persona que es una fuerte columna de la Iglesia, y estable firmamento) juzgamos debía ser admitida tu petición, y no consentimos que fuese tu deseo defraudado; habiendo comunicado nuestro acuerdo con los hermanos, por la autoridad de la Silla Apostólica, con general juicio de vuestra petición, juzgamos debía renovarse el juicio y las letras juntamente. Y así como tu Iglesia, de tiempos muy antiguos tiene el Primado por todas las tierras de España, así también como tu Iglesia Toledana donde tú presides tiene el Primado de España, así tú tengas el mismo Primado sobre todos, de modo que no obtenga algunas fuerzas el privilegio que obtuvo nuestro hermano Pelayo, Arzobispo de Compostela, de nuestro predecesor el Papa Anastasio, de buena memoria, que por derecho de patronazgo no convenía estarte sujeto; y que en nada este privilegio te deba perjudicar, antes determinamos le perjudique a él el privilegio del Papa Eugenio, de feliz recordación, nuestro antecesor, en que se te concede y confirma el Primado; principalmente que el privilegio de Anastasio ni fue concedido por la mayor parte de nuestros hermanos los cardenales, ni por la más sana parte de ellos. Así que, determinamos que el Compostelano, como los demás prelados de España, te obedezcan como a su Primado, y por derecho de Primado acuda a tu mandato; y que esta dignidad quede firme para ti y tus sucesores, y permanezca sin corrupción alguna”.

Tratando de honrar a la Iglesia Metropolitana de Toledo, estableció D. Juan lo que manifiesta el acta capitular traducida de la manera siguiente:

De cuanta dignidad haya sido la Santa Iglesia de Toledo desde los primeros tiempos de los godos, y cuan estimada sea al presente, y como ha conseguido el Primado de España, decláralo la manifiesta autoridad de los Padres católicos; y después que entraron los moros en España con ejército de enemigos por nuestras tierras, se sabe ha quedado viuda de sus hijos con verse a sí y a ellos oprimidos; y está muy claro cuantas calamidades hasta ahora haya sufrido. Por lo cual Yo, D. Juan, por la gracia de Dios, Arzobispo de la Silla de Toledo, Primado de las Españas, considerando el estado que tuvo esta Silla, y a lo que ha venido, cuanto ha podido y puede el poder de nuestra pequeñez , y proveyendo con diligencia a su provecho, y deseando se conserve en el estado en que al presente se halla, comunicando mi parecer con mis hermanos, tuvimos por cosa provechosa establecer en ella cierto número de canónigos; conviene a saber 24 canónigos principales y mayores, y 6 menores; los cuales vayan entrando en el ministerio de los otros, con parecer del Arzobispo, de los canónigos, después de la muerte de alguno, los nombrados en el número mayor, y que entretanto que se reducen a este número que señalamos, que ninguno sea admitido a ser canónigo de la Iglesia. Queremos que este nuestro hecho quede firme y establecido en nuestro tiempo y los de nuestros sucesores, y que nadie en todo ni en parte presuma de deshacerlo. Hecha la carta en el mes de mayo, era de MCXCV (1157). Yo. D. Juan, Arzobispo y Primado de las Españas, confirmo. Yo, Pedro, Obispo de Coria, confirmo. Yo Wilelmo, Prior; Cerebruno, Obispo de Sigüenza; Raimundo, Capiscol; Domingo, Capellán del Arzobispo; Rodrigo, Capellán; Maestro Giraldo; Vidal; Juan Sánchez; Raimundo Cardo; Pedro Gilberto; Paulo; Gutierre; Esteban; Domingo Pacano; Wilelmo de Fromesta, Prior de Sant Yuste; Rodrigo Martínez; Fortum; Arnaldo de España; Diego; Juan Ordóñez; Domingo Negro; sobrinos del Arzobispo D. Juan; Pero Gil; Wilelmo y Cerebruno, sobrinos del Obispo Cerebruno.”

Coronó en la capilla mayor de su Iglesia Metropolitana al Rey D. Sancho, el Deseado, que en el mismo acto recibió el juramento de fidelidad de los grandes y prelados del reino de Castilla.

Hacia el año de 1162 reparó el edificio erigido a honra de Santa Leocadia, Virgen y Mártir, por el Rey godo Sisebuto, y puso en él canónigos reglares.

En Agosto de 1166 coronó a Alfonso VIII el domingo día de San Agustín, y 32 días después, el 29 de setiembre, murió de enfermedad.

Fue enterrado en la Santa Iglesia Primada, cerca de don Raimundo su predecesor.

Continuará

Fuente:

  • “Historia de los templos de España”, de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan de la Puerta Vizcaíno. 1857.

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