Toledo: 3 culturas y 3 enfoques (II)

En esta entrada muestro un ejemplo de lo que podríamos llamar “enfoque cristiano”, mediante el resumen de un artículo sobre los mozárabes que puede encontrarse en lugares como la Wikipedia o el sitio web del Arzobispado de Toledo.

Puede comprobarse en el texto como, a diferencia del enfoque musulmán mostrado en la anterior entrada, no se idealiza en ningún modo aquella época ni la convivencia entre las tres culturas, mostrando a los mozárabes como víctimas de los musulmanes y a éstos como sus perseguidores, a menudo, pero no siempre, intolerantes. Además, la cultura hispano-romana es mostrada como superior a la musulmana.

He aquí el resumen:

La palabra “mozárabe” significa “arabizado” y designaba a los cristianos que vivían bajo la dominación musulmana en Al-Andalus. El simple hecho de no ser musulmanes les obligaba a pagar impuestos de carácter personal y territorial a cambio del reconocimiento oficial, la tolerancia y la “protección” de los gobernantes musulmanes. Por ello formaban parte de los “dimníes” o grupos de tributarios.

A cambio del pago de esos impuestos especiales pudieron conservar su organización política, jurídica y eclesiástica, si bien con el tiempo eso no impidió que los mozárabes se arabizaran. Algunos se oponían a esto, por lo que provocaron revueltas militares contra los invasores o emigraron a núcleos cristianos.

Hasta el s. XI los mozárabes vivieron relativamente tranquilos, pero la llegada de los almorávides y de los almohades supuso un gran deterioro que llevó a los mozárabes a ser masacrados, esclavizados y expulsados por los almohades.

Fue la actividad mozárabe, con su constante contacto con los reinos cristianos y su posterior y definitiva deportación lo que contribuyó a la difusión de los conocimientos científicos y artísticos orientales por los territorios peninsulares y, a través de ellos, por toda Europa.

El pueblo visigótico o hispano-romano contaba, en el momento de la invasión musulmana, con un grado de desarrollo superior al de los invasores, lo que les permitió conservar su personalidad como pueblo y como comunidad cristiana.

Con el paso del tiempo, muchas de aquellas gentes se arabizaron, adoptando la lengua, la fe y las costumbres árabes; otras huyeron hacia el Norte para preservar su identidad; un tercer grupo se quedó, resistiendo a las nuevas ideas y, en especial, a la nueva fe, lo que en ocasiones suponía el martirio; y un cuarto grupo aprendió a convivir con los invasores, asimilando buena parte de su cultura, pero sin renunciar a su fe, constituyendo comunidades más o menos marginadas dentro de la sociedad islámica, lo que las llevó a la endogamia que, a la postre, facilitó la transmisión de su estirpe hispánica y su linaje de padres a hijos a través de los siglos.

Aunque se haya hablado tantas veces de una idealizada convivencia de las tres culturas, la persecución del Islam contra los cristianos llegó a ser, en ocasiones, tan virulenta como la del Imperio Romano, como sucedió en cruentos episodios, especialmente en el Sur y en el mismo Toledo, donde 5.000 cristianos mozárabes fueron asesinados en el famoso “Día de la Hoya”.

Pese a estos enfrentamientos periódicos, que sólo terminaron con la derrota completa de los musulmanes, hubo califas, emires y reyes taifas que supieron respetar a las cristianos y aceptarlos, incluso llegando a cooperar con ellas.

Fueron los propios árabes los que forjaron el término “mozárabe”  para designar a aquellos que estaban “mezclados con árabes”, término que, lejos de ser peyorativo, era usado por los propios mozárabes con honor y orgullo.

Fuentes:

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